
No puedo calmarme, ni el más fino cabernet sauvignon puede ya, sofocar este anhelo, el de poner mi grito en el cielo. Pocos datos, a mi entender lógico, no llegan a ser información, pero no soy yo el que controla mi mente y mi corazón, mucho menos si se asocian con el fin de perturbarme. Que insulsos seremos los seres humanos que titulamos el tiempo, lo dividimos y le colocamos límites para expresar lo que sentimos.
Ya cruzaron, por mi cabeza, palabras de cualidad vulgar, nunca antes pronunciadas en mi oratoria.
Confianza y desconfianza, ¿Alguien puede darme alguna posible definición? ¿Acaso es la posibilidad de creer en el otro o no creer? No lo se. Lo que sí puedo saber es quien confía en mí, y vos no lo haces.
Mi lucidez siempre me juega en contra, divaga libremente; ella misma, con solo pocos datos, crea una escena dubitativa sobre acontecimientos sucedidos o no –posiblemente no-. La certeza, de su verdad o falsedad, nunca es segura, ya que no es posible establecer una discusión o debate acerca del tópico en cuestión, porque siempre tratas de huir con algún otro tema en particular.
La impotencia me lleva a querer gritar sin poder concebirlo, pues lo hago por dentro. La oscuridad invade mi pensamiento, dejándome sin tiempo para deliberar qué es lo correcto.
Mezclar realidad con ficción, mi más eficaz recurso, ya que, con él, puedo confundir a cualquiera; algunos opinan: “negación de la realidad”, y tal vez lo sea, pero no está en mi control; no hay por qué alarmarse, simplemente me gusta si es así, simple pero conciso.
¿Acaso mi desconfianza, para con la realidad, es la culpable de las tramoyas realizadas por mi mente?, o ¿somos los dos los culpables? Yo admito, lisa y llanamente, mi parte de culpa (vos no); pero para la simple duda siempre debe haber un disipador, si este falla, o no cumple con su “deber”, -y entre comillas, pues no es obligación- la incertidumbre puede volverse verdad, falsa, pero confirmada. Todo según que ojos lo vean.
Se que no pensaste en mi aquella vez –“…ahora, no antes, no después, solo ahora, en este instante…”- pude sentir parte de tu supuesta falsedad, por decirlo de alguna manera.
Mi mente es un rompecabezas, solo vos podes armarlo, pero me temo que no podes, o no queres terminarlo, y así tratas de ocultarme la verdad, tu verdad.
Redundan tus frases, para nada concretas, mucho menos directas; carecen las acciones demostrativas de afecto (¿de tu parte?), por el contrario, abundan elementos imprecisos sin certezas, lo que provocan divagaciones en mi imaginación; falta de confianza y especificidad en cuanto a los “acontecimientos” se refiere.
Modificar la realidad es lo que quiero, y en eso nos parecemos vos y yo. Gracia y angustia me causa. Dulces notas sonando no me calman, ni siquiera tu voz ni tu razón pueden hacerlo ahora. No me alcanza lo que me das. Tampoco se que quiero. La soledad me abraza gentilmente, y poco falta para responderle con un grato y acogedor saludo de mi parte. Loco estoy. La cobardía es mi principal característica, y creo que nadie lo nota. ¡Que pena! ¡Oh dulce pena!
Desnudo frente al mundo, tengo la intención de unirme a vos. Y no pido más que un poco de tu sinceridad y honestidad.
Ya cruzaron, por mi cabeza, palabras de cualidad vulgar, nunca antes pronunciadas en mi oratoria.
Confianza y desconfianza, ¿Alguien puede darme alguna posible definición? ¿Acaso es la posibilidad de creer en el otro o no creer? No lo se. Lo que sí puedo saber es quien confía en mí, y vos no lo haces.
Mi lucidez siempre me juega en contra, divaga libremente; ella misma, con solo pocos datos, crea una escena dubitativa sobre acontecimientos sucedidos o no –posiblemente no-. La certeza, de su verdad o falsedad, nunca es segura, ya que no es posible establecer una discusión o debate acerca del tópico en cuestión, porque siempre tratas de huir con algún otro tema en particular.
La impotencia me lleva a querer gritar sin poder concebirlo, pues lo hago por dentro. La oscuridad invade mi pensamiento, dejándome sin tiempo para deliberar qué es lo correcto.
Mezclar realidad con ficción, mi más eficaz recurso, ya que, con él, puedo confundir a cualquiera; algunos opinan: “negación de la realidad”, y tal vez lo sea, pero no está en mi control; no hay por qué alarmarse, simplemente me gusta si es así, simple pero conciso.
¿Acaso mi desconfianza, para con la realidad, es la culpable de las tramoyas realizadas por mi mente?, o ¿somos los dos los culpables? Yo admito, lisa y llanamente, mi parte de culpa (vos no); pero para la simple duda siempre debe haber un disipador, si este falla, o no cumple con su “deber”, -y entre comillas, pues no es obligación- la incertidumbre puede volverse verdad, falsa, pero confirmada. Todo según que ojos lo vean.
Se que no pensaste en mi aquella vez –“…ahora, no antes, no después, solo ahora, en este instante…”- pude sentir parte de tu supuesta falsedad, por decirlo de alguna manera.
Mi mente es un rompecabezas, solo vos podes armarlo, pero me temo que no podes, o no queres terminarlo, y así tratas de ocultarme la verdad, tu verdad.
Redundan tus frases, para nada concretas, mucho menos directas; carecen las acciones demostrativas de afecto (¿de tu parte?), por el contrario, abundan elementos imprecisos sin certezas, lo que provocan divagaciones en mi imaginación; falta de confianza y especificidad en cuanto a los “acontecimientos” se refiere.
Modificar la realidad es lo que quiero, y en eso nos parecemos vos y yo. Gracia y angustia me causa. Dulces notas sonando no me calman, ni siquiera tu voz ni tu razón pueden hacerlo ahora. No me alcanza lo que me das. Tampoco se que quiero. La soledad me abraza gentilmente, y poco falta para responderle con un grato y acogedor saludo de mi parte. Loco estoy. La cobardía es mi principal característica, y creo que nadie lo nota. ¡Que pena! ¡Oh dulce pena!
Desnudo frente al mundo, tengo la intención de unirme a vos. Y no pido más que un poco de tu sinceridad y honestidad.

Esto es un grito poético.
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Hola M, como estas?